Llevo más de 8 años viviendo en Valencia y todavía no me había dado por entrar en la Lonja de la seda, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Aprovechando el 8 de diciembre que era festivo y por tanto gratis, fui a visitarlo y me pareció interesante así que en este artículo te cuento todo lo que tienes que saber sobre la Lonja de la seda para cuando vayas a verlo.
Información de La Lonja de la seda: precio y horario
La Lonja de la seda se encuentra justo enfrente del mercado central de Valencia, a dos pasos de la Plaza del Ayuntamiento. La entrada cuesta 2€ la general, y 1€ la entrada reducida (niños entre 7 y 12 años, estudiantes y jubilados). Los festivos y los domingos es totalmente gratis.
Está abierta en el siguiente horario:
- De lunes a sábados de 10:00h a 19:00h
- Domingos y festivos de 10:00h a 14:00h.

La construcción de la Lonja: cuando Valencia miraba a Baleares
No era un edificio cualquiera. Valencia quería algo grande, bonito y que impresionara, y para eso se inspiraron claramente en las lonjas de Baleares, sobre todo en la de Palma de Mallorca. De hecho, este tipo de edificio (una gran sala rectangular sostenida por columnas) era muy típico en la Corona de Aragón, y la Lonja de Valencia vendría a ser la versión más ambiciosa de todas.
La obra se levantó en un tiempo récord para la época: en unos quince años ya estaba terminada la Sala de Contratación, lo que dice mucho del poder económico que tenía la ciudad en ese momento. Aquí no se escatimó en nada: piedra de calidad, columnas espectaculares y una decoración pensada para dejar claro que Valencia jugaba en primera división dentro del comercio mediterráneo.
La historia de la Lonja de la Seda: breve contexto
La Lonja de la Seda, también conocida como Lonja de los Mercaderes, se empezó a construir en 1482, en pleno Siglo de Oro valenciano. En aquella época, Valencia vivía un momento económico brutal gracias al comercio de la seda y otros productos. Era un auténtico imán para comerciantes de toda Europa y el comercio de la seda estaba en su máximo esplendor.
Este edificio no se levantó solo para hacer negocios, sino para dejar claro el poder que tenía la ciudad. De hecho, la Lonja se diseñó como una especie de “templo del comercio”, un lugar donde el dinero, las normas y la moral iban de la mano. No es casualidad que hoy sea Patrimonio de la Humanidad: representa la importancia que tuvo Valencia en el Mediterráneo antes de que el comercio se desplazara hacia el Atlántico tras el descubrimiento de América.
El Patio de los Naranjos: la primera parada
Nada más entrar en la Lonja de la Seda, lo primero que pisas es el Patio de los Naranjos. Y la verdad, es un sitio que invita a parar un momento y mirar alrededor. Después del jaleo del centro de Valencia, aquí se respira una calma muy agradable, con los naranjos, la fuente y ese silencio raro que te hace bajar el ritmo casi sin darte cuenta.
Este patio era una zona de paso y de espera, el lugar donde los mercaderes se juntaban antes de entrar a hacer negocios. Si levantas la vista, fíjate en las gárgolas: algunas tienen formas bastante surrealistas y no están ahí solo para adornar o tirar el agua cuando llueve, también servían para lanzar pequeños mensajes y críticas muy a su manera.
La Sala de Contratación: el corazón de la Lonja
Desde el patio se accede a la gran Sala de Contratación, el espacio más impresionante de todo el edificio. Nada más entrar, las columnas se llevan toda la atención. Son altas, retorcidas y se elevan hacia el techo como si fueran palmeras de piedra. Esta forma no es casual. La idea era representar un espacio casi celestial, como si el comercio honesto fuera algo sagrado. Además, construir columnas así en aquella época era carísimo, así que también era una forma bastante clara de decir: aquí hay dinero y poder.

Este era el lugar donde los mercaderes negociaban, firmaban contratos y cerraban acuerdos que movían enormes cantidades de dinero. Y por si a alguien se le olvidaba cómo debía comportarse, alrededor de la sala hay una inscripción en latín que insiste en la importancia de hacer negocios sin engaños, sin abusos y sin usura. Vamos, que aquí no solo se venía a ganar dinero, también a hacerlo “bien”.

Calabozos
Desde la sala principal es fácil acabar de nuevo en el Patio de los Naranjos, y si te fijas, también verás unas escaleras que bajan. Y ahí cambia totalmente la sensación. Nada de espacios abiertos ni columnas elegantes: techos bajos, paredes gruesas y un ambiente bastante más serio.
Estos calabozos se usaban para encerrar a los mercaderes que no cumplían con sus pagos o que jugaban sucio. En aquella época, deber dinero no era ninguna tontería, y aquí no había mucha paciencia con los listillos. Me llamó mucho la atención que las prisiones estuvieran dentro del mismo edificio donde se hacían los negocios, casi como una advertencia muy clara: si no cumples las normas, este es tu destino.

Consulado del mar
Justo al lado de los calabozos están las escaleras que suben al Consulado del Mar. Y de nuevo, cambia el ambiente. Aquí todo es más ordenado y tranquilo. Esta sala era donde se reunían las autoridades del comercio marítimo para resolver conflictos, arbitrar disputas y poner orden cuando surgían problemas entre mercaderes.
Mientras abajo se hablaba de precios y mercancías, aquí arriba se tomaban decisiones que afectaban a la economía de la ciudad. La gran mesa que preside la sala lo dice todo: este era el despacho donde se manejaba el cotarro.

Nunca te acostarás sin saber una cosa más. Anda que manda narices después de tantos años que no hubiera visitado uno de los edificios más importantes de la ciudad. Por fuera es bonito, pero saber la historia siempre es mejor. Además, llámame ignorante, no conocía la importancia de Valencia en aquel siglo y está feo pasar por la puerta durante años sin saber todo lo que guarda la Lonja de la seda en su interior. Ahora ya lo sabes tú también, ¡espero que te haya sido útil!
